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Nuestra Historia

La Comunidad de las Hermanas Misioneras de María Stella Maris nace como una obra de Dios en el corazón de la Iglesia, en un ambiente sencillo, profundamente misionero y marcado por la realidad pastoral del Guasmo Sur de Guayaquil. Su fundador, Monseñor Olindo Natale Spagnolo Martellozzo, misionero comboniano y Obispo Auxiliar de Guayaquil, vivió durante años un intenso proceso de oración, discernimiento y lucha interior, sintiendo con claridad la llamada del Señor a iniciar una nueva obra misionera al servicio de la Iglesia.
Esta llamada se fue fortaleciendo especialmente después de la visita del papa San Juan Pablo II a la parroquia Stella Maris, acontecimiento que iluminó de manera decisiva la misión evangelizadora de esta zona popular de la ciudad y dejó una huella profunda en el corazón del fundador. Más tarde, con su nombramiento como Obispo Auxiliar en 1990 y en el contexto celebrativo de los 500 años de evangelización de América, Monseñor Olindo comprendió que la Iglesia latinoamericana estaba llamada no solo a recibir, sino también a ofrecer misioneros para la Iglesia universal.

Un momento clave en este camino fue el encuentro, en enero de 1992, con el Cardenal Pablo Muñoz Vega, quien, tras un diálogo profundo y un tiempo de oración, confirmó con claridad el carisma misionero del fundador y lo animó, en nombre de la Iglesia, a dar inicio a la obra. Aquella confirmación disipó temores y abrió paso a una respuesta generosa a la voluntad de Dios. Ese mismo día, ya de regreso en el Guasmo, ocurrió un hecho que marcó el inicio concreto de la comunidad: la llegada de una joven, Marianita, que pidió ser recibida como misionera. Este acontecimiento fue vivido como un signo providencial. Con ella comenzó el camino fundacional, y poco a poco se fueron sumando otras jóvenes, dando vida a una comunidad naciente caracterizada por la alegría, la sencillez y un fuerte compromiso misionero.

El 11 de mayo de 1992, el Arzobispo de Guayaquil aprobó oficialmente la Asociación de Fieles “María Stella Maris”, con la misión de preparar mujeres dispuestas a anunciar el Evangelio más allá de las fronteras.

Desde sus inicios, la comunidad asumió un estilo de vida pobre y sencillo, profundamente evangélico, sostenido por la oración, el sacrificio y la entrega generosa, acogiendo vocaciones provenientes de distintas diócesis del Ecuador. Un hito fundamental en la historia de la comunidad se vivió el 1 de mayo de 1995, cuando se celebraron las primeras profesiones religiosas en el Santuario de María Stella Maris. Al finalizar la Eucaristía, presidida por el Cardenal Bernardino Echeverría Ruiz, se proclamó el decreto que erigía canónicamente a la Asociación como Congregación Misionera de María Estrella del Mar, con fecha 20 de abril de 1995. Este reconocimiento eclesial confirmó el camino recorrido y llenó de gozo y esperanza a toda la comunidad.

Con el paso del tiempo, la Congregación fue creciendo en número y madurez. Fieles a la Regla de Vida entregada por su fundador, las Hermanas sintieron la necesidad de fortalecer su identidad y su proceso formativo. A partir del año 2007, y con el acompañamiento de las Hermanas Teresianas de Sucumbíos, se inició un trabajo comunitario y participativo que dio como fruto el Proyecto Formativo, guía fundamental para la formación de las actuales y futuras Misioneras de María Stella Maris.

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